
Los trozos de cristal cayeron al suelo tras el brutal impacto, pero nadie se paró a recogerlos... No había ente en el mundo al que le suscitara el menor interés tratar de recomponer el complejo, abstracto, y por qué no, absurdo puzzle vidrioso. Los añicos del alma se abandonaron en el opaco asfalto, entre sucios charcos de recuerdos borrosos [...]
Todos tenemos que des fragmentarnos cada cierto tiempo para tener las cosas más claras.
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